La emoción de ver a esta banda canadiense estaba a la orden del día. Olas y olas de personas nos desplazábamos a los alrrededores del Palacio de los Deportes ansiosos de ver por vez primera en la Ciudad de México a Arcade Fire. Desde 2007 se había corrido un rumor de que vendrían y fue en Coachella 2007 donde tuve la oportunidad de verlos sin haber profundizado en su música y sin que el álbum 'The Suburbs' viniera a resignificar los dos discos anteriores 'Neon Bible' y 'Funeral' (gracias a 'The Suburbs' hoy puedo decir que 'Funeral' es mi favorito). Ya había platicado con otros fans sobre su particular estilo en vivo donde parece que Win Butler (el cantante, chatos) en verdad está predicando a toda la congregación del rock que asiste a cada concierto; el hecho que hayan grabado 'Neon Bible' en una iglesia acondicionada como estudio nos hace volver a escuchar la música con nuevos ojos (sic). Hay una magia en Arcade Fire que raya en lo religioso tanto en estudio como en vivo... y la verdad es que hace mucho que no me sentía tan vivo.
Como se esperaba, 'Ready to start' fue la canción que abrió el concierto e inmediatamente el público mexicano soltó en gritos con el estómago apretujado de la emoción. No hay nada más emotivo como escuchar el 'gracias' con su respectivo acento, la molestia que se toman muchos grupos para aprender algunas palabras y deleitar al público que no comparte, al menos en su totalidad, su idioma. Después de 'Ready to start' fuimos fulminados con 'Keep the car running' y 'No cars go', El Palacio de los Deportes gritaba y aullaba por más canciones.
Regine Chassagne nos deleitó con 'Haïti' y con 'Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)'; con su sensual presencia no podíamos más que enamorarnos de ella y aullar de deleite. A pesar de que se veían pocos juegos entre los integrantes y más entrega hacia el público, era obvio notar que el grupo disfruta mucho su compañía en el escenario. Éste último era una pantalla a manera de espectacular, había un poste con luces y, en el fondo, la proyección de unas vías rápidas elevadas. De hecho había pequeños momentos donde se sentía como si estuviéramos en exteriores. En el encore, los primeros guitarrazos de 'Wake up' nos pusieron a saltar y a corear (bien destemplados todos) como si no hubiera mañana. Me gusta mucho cómo estos grupos tan grandes pueden conservar una claridad y lucidez musical en el escenario sin estarse tapando y sin querer ser protagonistas en todo momento; esa es la enseñanza que me deja Arcade Fire como elemento para apreciar a otros grupos.
Las sorpresas de la noche fueron 'In the back seat' que yo, personalmente, no esperaba y en el encore escuchamos un cover de The Smiths: 'Still Ill'. Las canciones que esperábamos con ansia y que nunca llegaron fueron 'Neighborhood #2 (Laïka)' y 'My body is a cage'. A pesar de estas ausencias fue un concierto memorable, fui feliz en 'Modern Man' y me emocioné muchísimo con el arte que proyectaron en 'We used to wait'. Hacia el final del concierto Win Butler nos explicó, en inglés, que esperaba que entendiéramos lo que iba decir, fue básicamente que estaban muy emocionados de estar en México y que parte de las entradas que habíamos pagado estarían destinadas a ayudar a Haití.
Me pareció que la banda estaba emocionada, hubo un par de momentos donde me pareció que Win Butler estuvo algo tenso con un problemilla técnico, pero todo fluyó como tenía que ser y el sonido, desde donde estuve, fue muy bueno (que es lo que siempre tememos del Palacio de los Deportes); espero que ellos hayan disfrutado tanto como nosotros lo hicimos para que regresen y nos puedan "cumplir" con otras canciones de su repertorio. Al menos mis queridas Cris y Fer disfrutaron tanto el concierto como yo y salimos con una gran sonrisa después de haber visto a una banda tan memorable como Arcade Fire.





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